martes, 27 de septiembre de 2016

Ay, que me corro





sábado, 24 de septiembre de 2016

Conversaciones peregrinas

por Daniel Link para Perfil

La historia de los pueblos podría contarse sólo a través de la historia de las lenguas. El azar (o los votos matrimoniales, que me obligan a compartir una determinada herencia gallega por la vía jurídica) me lleva a examinar de cerca la lengua gallega, su historia, su relación con el reino de España y ciertas mistificaciones como el camino de Santiago (invención del siglo XII que debemos a los nobles de Asturias, que al desparramar por el mundo la especie inverificable de que en tierras de Compostela estarían enterrados los restos del apóstol Santiago (que es como decir: un auténtico soldado de Cristo), inventaron el turismo y, sobre todo, impidieron la secesión gallega.
Volveré o no sobre el punto, pero no es en lo que hoy quería detenerme.
La lengua gallega es extraordinaria por su carácter transicional entre el portugués y el castellano. Creo que debe ser el único caso en que una lengua semejante, formada en el contacto y el rozamiento entre lenguas diferentes, adquiere estatuto escolar, literario e identitario. ¿Cómo será una identidad que se forma en el desgarramiento de otras dos lenguas?
Los argentinos conocemos bien a los gallegos porque ellos, junto con los italianos, explican nuestra cultura (A Coruña es el antecedente de Mar del Plata, aunque ésta quiera reconocerse más en Francia;el paisaje cordobés está formado por gajos de morriña gallega y así sucesivamente).
Charlando con un joven treintañero, nativo de Villagarcia de Arousa, en las rías baixas, éste se queja de que los gallegos, a diferencia de los catalanes y los vascos, se dejaron arrebatar la lengua. Sus padres, dice, renunciaron al gallego y, al hacerlo, hicieron que para él fuera una lengua aprendida y no materna. Su tía quiere corregirlo y dice que no es así, que ella habla gallego cuando se le da la gana.
Como veo que la discusión sube de tono y el joven, que es antimonárquico y que habla del "Dictador" (refiriéndose a Franco) cada vez con más vehemencia, les regalo esta prenda de amistad: les cuento que nosotros tenemos la costumbre de llamar a quienes ellos consideran sus amos y sus usurpadores, los españoles (en general, pero sobre todo los de Castilla), "gallegos". De esa manera, sin saberlo, colocamos a los humilladores en el lugar de los humillados.
La operación les resulta simpática, pero después de un rato vuelven a herir de muerte la lengua del Estado. "Perdimus", dice el joven gallego.

martes, 13 de septiembre de 2016

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Lo fatal




domingo, 4 de septiembre de 2016

Para Beto




Domingo pomeranio

Los socialdemócratas ganan y la extrema derecha supera al partido de Merkel en su Estado de origen
 

El Partido Socialdemócrata de Alemania logra en Mecklemburgo-Pomerania Occidental un 30,5% de los votos mientras que AfD sería segunda fuerza con el 21%.

El Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) puede apuntarse la victoria en las elecciones regionales celebradas este domingo en el Land alemán de Mecklemburgo-Pomerania Occidental (noreste). Según los primeros sondeos, realizados a pie de urna, los socialdemócratas han conseguido un 30,5% de los votos. Sin embargo, la formación xenófoba Alternativa para Alemania (AfD), que ha captado buena parte de la atención prestada a estos comicios por la elevada intención de voto que le atribuían los sondeos, también puede reivindicar un triunfo en toda regla. En virtud del 21% de los votos que ha logrado, AfD se ha erigido en la segunda fuerza política en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
AfD, formación fundada en 2013, no contaba con escaños en el parlamento regional de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, un Land que apenas suma 1,7 millones de habitantes en un país de más de 82 millones de personas. Los sondeos previos a esta cita con las urnas llegaron a situar a la formación xenófoba como segunda fuerza política más votada, por delante de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) que lidera la canciller Angela Merkel. Este extremo ha terminado confirmándose.
La CDU, que también ha gobernado en Mecklenburgo-Poremania Occidental durante los últimos cinco años gracias a una “gran coalición”, ha quedado relegada como la tercer partido de la región. A Merkel, cuya circunscripción por la que tiene escaño en el Bundestag se encuentra en este Land, se le ha visto especialmente implicada en la campaña de esta cita con las urnas. La jefa del Gobierno germano ha invitado incluso a votar a los partidos con “soluciones a los problemas”, lo que “no incluye a AfD”, según los términos de la canciller. Pero, con los primeros resultados en mano, parece que un buen quinto de los electores ha dado la espalda a la canciller optando por AfD.
Las elecciones de este Land del noreste alemán tienen lugar apenas medio año después de que AfD se confirmara en el panorama político germano logrando una significativa presencia en los parlamentos regionales de Renania-Palatinado (oeste), Baden-Wurtemberg (suroeste) y en Sajonia-Anhalt (centro-este). En esta última región, AfD se hizo con un 24,3% de los votos, en Baden-Wurtemberg un 15,1% y en Renania-Palatinado un 12,6%.
“Asegurar las fronteras, parar el terror”, era uno de los mensajes con los que AfD ha buscado ganarse a los electores en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Temas como la inmigración o la seguridad nacional, aunque sean ante todo competencia del Gobierno federal que dirige Merkel desde Berlín, han sido los más utilizados en estos comicios por el líder de AfD en este Land, Leif-Erik Holm, y su equipo.
El socialdemócrata Erwin Sellering, presidente del Gobierno regional de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, ha desarrollado una campaña más integradora. “Juntos por el buen camino”, era uno de los eslogánes electorales que ha empleado este político, que antes de gobernar en coalición con la CDU como hace desde 2011 hizo lo propio con el Partido del Socialismo Democrático, formación fundacional del partido izquierdista Die Linke.
Sellering ha reivindicado con razón en su campaña que la economía de su región es “fuerte”. Con él al frente el paro en la región nunca estuvo en niveles tan bajos (ronda el 9%) y el PIB jamás había totalizado los 39.000 millones de euros actuales – un récord. En estas elecciones, el SPD ha cosechado un 30,5 % del apoyo de los votantes, un porcentaje sensiblemente menor al 35% que le valió la victoria en 2011. Para gobernar podría contar con de nuevo con la CDU, o con Die Linke y Los Verdes. La formación ecologista se hizo con un 5% de los votos, según las primeras estimaciones. Die Linke consiguió un 12,5%.

RESISTENCIAS A LA POLÍTICA MIGRATORIA
 
Al igual que en ocurrió en los comicios de Renania-Palatinado, Baden-Wurtemberg y Sajonia-Anhalt, los comicios de Mecklemburgo-Pomerania Occidental han servido a muchos para expresar un voto de protesta que beneficia claramente a AfD. Mecklemburgo-Pomerania Occidental es conocido como uno de los Länder más conservadores de Alemania, debido, entre otras cosas, al 6% de los votos que recogió allí la formación neonazi que es el Partido Nacionaldemócratico de Alemania (NPD) en las anteriores elecciones regionales. En 2006, el apoyo al NPD fue del 7,3%. En la votación de este domingo, este partido se quedó en un 3,5%.
Los estudios demoscópicos previos a los comicios de este domingo han dado cuenta de que buena parte de los electores del NPD estaban dispuestos a apoyar a AfD. La formación xenófoba está capitalizando en términos políticos el descontento que ha generado en parte de la población la política de inmigración del Gobierno de Merkel.
El pasado miércoles se cumplió un año desde que la canciller pronunciara su ya celebre frase: “Lo logramos”. Merkel, que no ha dejado de repetir esos términos en los últimos doce meses, quería convencer así a sus conciudadanos de que su país puede recibir e integrar a los más de un millón de demandantes de asilo que han llegado a Alemania en los últimos dos años.
Pero esas palabras, convertidas ahora en una especie de mantra, se están encontrado con una fuerte resistencia. El resultado de las elecciones en Mecklemburgo-Pomerania Occidental son una nueva muestra de ello. La ciudad-estado de Berlín, que celebra las elecciones para formar un nuevo parlamento regional el próximo 18 de septiembre, planteará otro serio test para Merkel, su partido, y la gran coalición que lidera junto a los socialdemócratas.

Fuente: El español


 

sábado, 3 de septiembre de 2016

La destrucción del pasado


Por Daniel Linkpara Perfil

El año pasado fui a la República Checa para recuperar unas briznas de pasado familiar. Antes de internarme en la Moravia profunda, de donde vino mi abuela, vagué por Praga, donde había estado tantos años antes que la ciudad me resultaba irreconocible. Yo había estado allí en otra capa geológica, cuando acababa de caer el Muro de Berlín y las repúblicas socialistas todavía no habían sido arrastradas por la fuerza destructiva del capitalismo. Entonces Praga me había parecido una tranquila y hermosa ciudad imperial de segundo orden, cuyos habitantes eran un poco rústicos. Ahora, en cambio, la encontré devastada por el turismo de la peor especie y el capitalismo más abyecto: la venta de souvenirs fabricados en cualquier lugar del mundo, a la medida de viajeros rapaces que son incapaces de establecer con los lugares una experiencia diferencial, medianamente auténtica. O sea: me había vuelto viejo al mismo tiempo que Praga se entregaba a la celebración del comercio de baratijas.
No reconocía las calles en las que me había gustado perderme: todas eran hileras de tiendas más o menos conocidas y más o menos globales. Incluso, no pude encontrar un recuerdo queridísimo, la plaza Wenceslao que, allá lejos y hace tiempo, me había impresionado por sus dimensiones y la belleza de sus edificios modernistas y art decó. Musitaba: bajando desde la estación de tren, hacia allá, se llegaba a la Plaza de Wenceslao. Pero, claro, la vieja estación de tren es ahora un museo ferroviario y todo sucede en los subsuelos, donde los trenes combinan con el metro y donde es imposible orientarse.
La Plaza seguía allí, en alguna parte, pero ahora no tenía nada que ver con mi memoria. Recuerdo ahora esa experiencia abrumadora porque mi hija está aterrizando en Praga y me costó darle referencias de mi primer viaje. Le dije: no dejen de visitar el barrio de los artesanos en el castillo. Parece de Harry Potter.


miércoles, 31 de agosto de 2016

martes, 30 de agosto de 2016

Rumbo al Nobel

El escritor César Aira ganó el premio de narrativa Manuel Rojas

El jurado del lauro chileno destacó la variedad y calidad de la obra del autor de El cerebro musical, cuyos relatos "en los que la realidad se ve atravesada por la presencia de lo insólito"

Boquitas pintadas



sábado, 27 de agosto de 2016

Tristeza y victimización

por Daniel Link para Perfil


Me encuentro con amigos por la calle, con médicos en los consultorios y todos me manifiestan su “tristeza” por “todo lo que está pasando”. Como es difícil entender un estado de duelo tan generalizado y tan indeterminado (¿se refieren a la situación de los emigrantes sirios, a tal accidente aeronáutico, a la degradación de la atmósfera, a las amenazas de muerte contra funcionarios públicos?), pido precisiones y me contestan: “Todo lo que está haciendo Macri”.
Por fortuna, les contesto, Macri no está haciendo ni la décima parte de lo que temíamos, y eso por la relación de fuerzas entre los tres poderes y la debilidad parlamentaria que obliga a negociaciones constantes al gobierno nacional con las fuerzas de oposición y los gobiernos provinciales. Sin ir más lejos, ahí tienen el asunto tarifas, que para mí no fue sino una artimaña publicitaria del gobierno para mostrarse republicano hasta el tuétano.
Las democracias burguesas se caracterizan por una alternancia entre un gobierno más hacia la derecha y un gobierno más hacia la izquierda (socialismo/ Partido Popular en España, laboristas/ conservadores en Reino Unido, demócratas/ repúblicanos en los Estados Unidos, etc.). Sabido es que cuando le llega el turno de gobernar a la derecha habrá que sacar chispas contra el asfalto hasta que el turno pase y evitar los mayores males. Y, mientras tanto, procurar construir alternativas de “izquierda verdadera” (o sea: aquella que produce cambios estructurales).
En Argentina, por el contrario, hemos tenido que resignarnos a una alternancia entre una derecha más bien populista y una derecha que ni siquiera llega a liberal y que habría que llamar postpopulista.
Así vistas las cosas, da para ponerse triste, pero no son los términos en los cuales la tristeza ilustrada se manifiesta y me interpela. Habrá que recordar a Nietzsche, para quien “la pena domestica al hombre, pero no lo hace mejor”.


Fuente: Perfil

 

martes, 23 de agosto de 2016

Me importa un huevo



Otra denuncia estremecedora

"Vivimos en una cultura fornicaria que banaliza la unión entre el hombre y la mujer", afirmó el arzobispo de La Plata

Monseñor Héctor Aguer cuestionó los 450.000 preservativos repartidos en la Villa Olímpica y rechazó la adopción de niños por parte de matrimonios igualitarios.


domingo, 21 de agosto de 2016

Mil medallas doradas para....

Aska Cambridge, japonés de padre jamaicano:






sábado, 20 de agosto de 2016

Baja energía


Por Daniel Link para Perfil

Aunque los Juegos Olímpicos no son sino un gigantesco negocio que concentra las pocas virtudes y los muchos vicios del capitalismo, en principio me gusta mirarlos. Son el evento televisivo más importante de la historia y, desde su relanzamiento bajo el lema “citius, altius, fortius” (“más rápido, más alto, más fuerte”), no ha dejado de crecer en cantidad de disciplinas incluidas, países y atletas participantes.
Argentina fue uno de los doce países que fundaron el Comité Olímpico Internacional en 1894, pero su actuación fue siempre más bien mediocre por la falta de educación física y formación atlética que caracteriza a nuestra República, que abandona a los atletas y deportistas a su suerte.
Una vez que constaté lo que ya sé (la belleza del atletismo y la gimnasia, el hastío que me provocan los deportes grupales), me doy cuenta de que lejos de amortiguar el ruido cotidiano, la competencia olímpica lo amplifica. Al mismo tiempo que me dejo atrapar por las mujeres-gacela, por los hombres-pájaro y por los jóvenes-delfines me doy cuenta de la perversidad de un universo compuesto por una élite de privilegiados.
Y luego están las lamentaciones y los reproches. Argentina perdió. Argentina pierde. Argentina quedó afuera. Estas frases retumban como piedras que ruedan hacia el abismo en el que muere el principio esperanza. Se refieren a la performance de los representantes de nuestro país en los Juegos Olímpicos, pero uno no puede sino atribuirlas también al bajo coeficiente energético que nos caracteriza. Argentina nunca estará bien preparada para enfrentar los desafíos en los que se involucra, porque no se termina de entender la lenta y rigurosa formación que se requiere para brillar en una disciplina. Por eso tienen tan buena prensa los deportes grupales: ahí es cuestión de “juego”, el infantilismo que pone el propio destino del lado de la suerte, cuando no de la picardía criolla.
Demasiada realidad para mí, que miro televisión sólo para escaparme de ella. Pero como todo el mundo (literalmente) está mirando los Juegos Olímpicos, la oferta de ficciones es más bien pobre y yo no tomé la precaución de ahorrar para tiempos como éste. A falta de ficciones dadas, me dedico a inventar las mías.
Las aguas turbias de la pileta olímpica. Una bacteria psicotizante plantada por un científico demente. Una guerra entre lesbianas lanzadoras de martillo y locas nadadoras. La villa olímpica convertida en campo de batalla. Las favelas aprovechan la circunstancia, bajan del morro y toman la ciudad fundando la Comuna Socialista de Río. Las fuerzas armadas quieren intervenir, pero los atletas chinos crean un círculo defensivo alrededor de la Comuna. Imposible atacarlos sin represalias del gigante asiático. Se proclama la propiedad colectiva de los departamentos de Ipanema y el amor libre. 


viernes, 19 de agosto de 2016

Bitte, geh nich fort




Curarse en salud


por Daniel Link para Soy

El recuerdo más fuerte que tengo de Dj. Dr. Trincado es en una fiesta (¿de disfraces?) en una de las terrazas del Centro Cultural Recoleta, que ya no existen. De hecho, muchos de los lugares por los que pasó Dr. Trincado ya no existen lo que, en algún sentido, multiplica la felicidad de su propia superviviencia porque nos permite acordarnos de nosotros en lugares que ya no están pero en los que fuimos felices.
En ese recuerdo, él tocaba el tecno más sexy de la noche y todos lo mirábamos bailar y tratábamos de seguir sus enganches, siempre perfectos, siempre sugerentes. ¿De qué año hablo? Imposible precisarlo: los últimos días de los años ochenta, o los primeros de los años noventa.
Para Cristian, el nombre pila del Dr. Trincado, la música es salud (de ahí su seudónimo) y eso lo aprendió de chico, según cuenta, en el winco que tenía en su cuarto o en el combinado CBS que sus padres usaban para hacer fiestas en la terraza.
Dr. Trincado dio sus primeros pasos como DJ en la mítica New York City, a comienzos de los ochenta. Yo fui sólo una vez (o dos) a New York City. Creo que el lugar era demasiado grande para mi gusto, de modo que poco es lo que puedo decir de esos inicios.
Después, entre los años 92 y 95, pasó discos en la Age of Communication, la casa que había fundado Juan Calcarami y donde se daba cita la jeunesse dorée porteña.
Había una terraza (de donde se cayó, una noche, un excedido, lo que motivó el cierre del lugar, si mi memoria no me falla), un segundo piso donde estaban el Salón Puteaux, el Orient Express y una ¡biblioteca!
Pero la pista de baile, Cericette, estaba en el primer piso, donde reinaban Carlita Tintoré, Diego Ro-k y Dr. Trincado, fundadores de DJ Union. Yo solía frecuentar la terraza, donde podía encontrarse una fogata prendida en medio de la noche y la pista, naturalmente, dependiendo de mis humores y de los discos que sonaran.
En el 93, Alaska desembarcó en Buenos Aires para fundar Morocco, que duró hasta el 2001 y que fue el lugar más hermoso de las mil y una noches de Buenos Aires. Alaska y sus socios encomendaron la ambientación a Sergio De Loof (que antes había dejando su huella indeleble en Bolivia y El Dorado) y a Sergio Lacroix, que diseñó el salón Shambala del subsuelo, donde Carla Tintoré, Diego Ro-k y Dr. Trincado eran los Djs. residentes.
En algún momento, Morocco dejó de ser lo que era, la música se volvió mucho más previsible y el ambiente perdió gran parte de su encanto. Para entonces, Dr. Trincado ya estaba en otra parte. Por ejemplo, en Ave Porco, que duró del 95 hasta finales de 1999.
A mí Ave Porco no me gustaba mucho porque era un lugar excesivamente ecléctico y uno no sabía con qué iba a encontrarse, pero era un fuego.
Yo solía ir los jueves, y sólo porque tocaba Trincado. El último jueves de Ave Porco fue el 30 de diciembre de 1999. Los que estuvimos ahí fuimos convidados a llevarnos un pedazo del lugar, como si se tratara del Muro de Berlín. Poco después, estuve también en la última noche de Morocco. Empecé a salir menos (no fuera cosa que me tildaran de jettatore) pero Trincado siguió prestándole su brillo a los lugares en los que tocaba.
Por supuesto, a veces iba a lugares donde no tocaba Trincado, y así aprendí a diferenciar estilos y saberes. Los que marcaron mi juventud, en fin, mi vida bailable (que ya cultivo apenas, para escándalo de Alejandro Ros, que me amenaza con expulsarme de las listas de invitados) fueron Dr. Trincado y Dany Nijensohn, cada uno con un talento particular.
Un poco por eso, cuando me casé por segunda vez, les pedí a Dr. Trincado y a Dany Nijenson que tocaran en nuestra fiesta, que fue una fiesta hermosa, en gran parte gracias a ellos.
Trincado es un erudito. Y al mismo tiempo, un experimentador incansable. Detesta los ambientes mainstream, la repetición incesante de lo mismo, el marketing berreta. No vive alienado en un universo puramente musical y le gusta leer, investigar, mezclar los sonidos antiguos de la tierra con la electrónica del más allá del mundo.
Si antes el título de Dr. le cuadraba porque provocaba felicidad y salud con sus pasadas de discos, ahora creo que le corresponde por su sabiduría. Me gusta decirle, cada vez que lo veo: “¿Pero cómo le va Doctor?”, con un tono impostado de década del cuarenta. A Trincado le gusta mucho Carlos D'Alessio, uno de los compositores argentinos más brillantes, más secretos, más melancólicos.
Compartió cabina con Sacha, Primal Scream, Deep Dish (oh, yo los adoraba) y Mad Proffesor. Produjo a Massive Attack en Argentina e interactuó con ellos en vivo. Pero a él nada de eso le importa demasiado porque sabe que la idea de “carrera” está erizada de malos entendidos, y le importan mucho más los desafíos que el confort de un curriculum completo. Por eso actuó para Vivi Tellas en uno de sus Biodramas, por eso invitó a su madre a presentarse con él como DJ Rita en unos mediodías del Teatro San Martín, por eso grabó un disco cantando sus canciones predilectas (DJ Sings the Blues).
La última vez que trabajamos juntos fue en marzo de este año, cuando le pedí que creara una fiesta para una “Gran Gala Modernista” en el Teatro Margarita Xirgu, donde ahora va a presentar su disco (que no es el primero, ni será el último). ¿Qué quieren que les diga? La gente bailó como loca.
Vayan preparándose: busquen las pistas que, generosamente, Dr. Trincado cuelga en Internet. Cantaremos y bailaremos y, más de uno, aprovechará para festejar ahí mismo su cumpleaños. Cristian nos ha prometido que la presentación del disco será como un Café Concert - Vodeville. Un happening en tiempo real (58 minutos) que seguirá los 18 tracks del disco. Los números serán coordinados con imágenes proyectadas en la pantalla, efectos lumínicos y, naturalmente, la mejor música.


jueves, 18 de agosto de 2016

A Dios rogando...




martes, 16 de agosto de 2016

Lejano Oriente

Una vaca paralizó las actividades del aeropuerto de Punta del Este

Para volver a Buenos Aires, los pasajeros argentinos tuvieron que tomar taxis hasta el aeropuerto de Carrasco, en las inmediaciones de Montevideo


sábado, 13 de agosto de 2016

Puro teatro


por Daniel Link para Perfil

En la puesta de Rubén Szuchmacher para Todas las cosas del mundo no hay voces en off (apenas unos pájaros que trinan cada tanto, algún ruido), no hay proyecciones, no hay ilusionismo, apenas si hay utilería (que los propios actores llevan y traen): todo el efecto descansa en la posición de los cuerpos, sus gestos y las voces encarnadas de los personajes diciendo el texto extraordinario escrito por Diego Manso.
Es como un espectáculo que tanto puede ser representada en los teatros oficiales de Buenos Aires (que por mezquindad se privan de este privilegio), en una plaza pueblerina o en un club de barrio. La fortuna quiso que esté montada en el teatro Payró, en pleno centro de Buenos Aires y que yo pudiera verla en su mejor momento, el sábado pasado.
En Todas las cosas del mundo se cruzan sutilmente varias figuras marginales: los dueños de una feria de freaks que han perdido a todas sus atracciones salvo una, la Niña Foca, que se dedica a leer encerrada en su celda, un cura inescrupuloso perseguido por violación de menores que quiere transformarla en santa, la madre que vendió a su hija y un peon de campo borderline que llora a su madre muerta y que, en una escena conmovedora, explica el título de la pieza y el sentido del texto de Diego Manso.
Lo que se lee en Todas las cosas del mundo es extremadamente complejo: un desbarajuste de registros, unas líneas de fuerza que van hacia arriba (lo sublime) y hacia abajo (lo grotesco), tensadas con una violencia ausente en el teatro contemporáneo. Rubén Szuchmacher, el más inteligente de los directores teatrales argentinos, leyó la pieza y entendió todo lo que estaba en juego. Ideó un espectáculo minimalista donde lo único que importa es la fuerza de los parlamentos, la clara dicción, el pasaje sin transiciones desde la pincelada grosera al dicho solemne y trágico. ¿Hay actores que puedan aceptar semejante desafío? Aquí están: Ingrid Pelicori, enorme, en primer término, que se puso en la piel de un personaje (Iberia) que transita todos los estilos que el teatro ha urdido con paciencia a lo largo de los siglos. La acompañan un soberbio Iván Moschner en la piel del Padre Garzone, y Horacio Acosta, Paloma Contreras, Fabiana Falcón y Juan Santiago.
Todas las cosas del mundo nos devuelve la confianza en la diversión teatral. Se la puede ver de jueves a domingo. Necesitaría dos días más en cartel. Ya los conseguirá, y bufarán los eunucos.


viernes, 12 de agosto de 2016

Dicen que...


El fiord
 
Osvaldo Lamborghini / Silvio Lang / Ignacio Bartolone

por Mariano López Seoane para Otra Parte Semanal
 
El dispositivo alucinado que ideó Silvio Lang para presentar El fiord en el marco del Festival Nueva Ópera Buenos Aires es cautivante y eficaz. Esta puesta exaltada, eco de un presente sombrío e insinuación del futuro siniestro que resopla en nuestras nucas, les debe tanto a la desmesura física que Lang les exige a sus actores como al surrealismo de Cottolengo que practica el vestuarista Endi Ruiz y al diseño de luces distópico que compone David Seldes. El resultado es un ecosistema en el que podrían luchar a muerte Rick Deckard y Martín Karadagian, la teniente Ripley y la Justine de Sade. El fiel de la balanza se inclina hacia nuestras pampas por efecto de una lengua hiperlocal y neobarrosa, y por la tensión de las actuaciones hacia un grotesco sublimado. Si en el cine argentino o en el peor teatro de revista el grotesco ha sido una verdadera cárcel para el actor (y para la imaginación), en esta ópera experimental es dinamita, sobre todo en manos de intérpretes todoterreno como Julián Cabrera (Sebas), Sol Fernández López (Carla Greta Terón) y Eddy García (Atilio Tancredo Vacán), que hacen estallar la llanura de los chistes. Esa polenta encierra sin embargo un problema: la máquina escénica que ensambla Lang se vuelve por momentos cacofónica, empastando el filo del texto que se quería reanimar.
Un texto que está vivito y culeando. En efecto, y contra todo pronóstico, el libretto es uno de los elementos más potentes del cóctel. Ignacio Bartolone se desplaza con liviandad admirable por un corpus que en otras manos hubiera pesado como un dolmen. Y ahí donde una mímesis pétrea hubiera sido lo recetado, Bartolone parece dialogar de igual a igual con el muerto, colando dosis exactas de reverencia y burla, reconocimiento y sublevación, y firmando un texto que se sostiene más allá y más acá de la puesta, un homenaje taimado y honesto que sabe a pacto con el diablo. Engordado con citas infaltables en un Greatest Hits de Lamborghini, pero también con extractos de Shakespeare o William Blake, El fiord de Bartolone deja de ser el relato que todos conocemos y se consolida como un cristal de ese universo de sentidos que constituye tanto la condición de posibilidad como el legado de Osvaldo Lamborghini.
Libreto intachable + puesta inspirada. El resultado no es sin embargo un gol de media cancha. A piacere de las brujas lamborghinianas, que anticipaban maliciosamente un desastre, la ópera no logra ser el vehículo que el relato pedía, en gran medida porque el acople entre poesía y acción dramática no es exacto y se pierde para el espectador mucho de lo que este texto todavía tiene para decir. Pero esa caída devela el tesoro de esta puesta: su ambición desmedida, su carácter de aventura radical. Hay algo de la determinación febril de Aguirre o del entusiasmo alunado de Fitzcarraldo en la incursión de Lang. Y no es casual que convoque los nombres en clave de Herzog, un agitador constante de la necesidad de adentrarse en territorios desconocidos y peligrosos.
El crítico Robert Egbert solía decir de Herzog que aun sus fracasos eran espectaculares. Esta puesta ayuda a entender plenamente esa sentencia y le rinde el mejor homenaje posible a un texto que hace más de cuatro décadas se internó con pico y pala en el corazón más negro de la patria sin estrategia de salida y sin red de seguridad. Y de paso, nos recuerda que, bajo ciertas circunstancias, fracasar, perder o no saber pueden ofrecer formas de estar en el mundo más creativas y más iluminadoras que las que ofrecen las somníferas mieles del éxito.

El fiord, ópera de cámara basada en el texto homónimo de Osvaldo Lamborghini, libreto de Ignacio Bartolone, dirección escénica de Silvio Lang, música de Diego Tedesco, dirección musical de Juan Martín Miceli, Teatro 25 de Mayo, Buenos Aires.